Carta anarquista desde la dictadura argentina. Buenos Aires. 1978.

El siguiente texto forma parte de nuestro libro «Anarquismo: insurrección armada y guerrillas» (2021) 240pp.
Este libro atraviesa los distintos debates, perspectivas y proyecciones del anarquismo en Buenos Aires desde 1966 hasta 1983, periodo clave donde se debatían las posiciones en torno a la lucha armada, las organizaciones político-militares, la «izquierda peronista», y el rol de lxs anarquistas frente a la radicalización política y las influencias de, por ejemplo, la revolución cubana en la militancia de la época.

A LOS COMPAÑEROS:
Grupos anarquistas de la argentina. 1978.

El 31 de mayo de 1978, sobre el comienzo de esa gran cortina de humo y estupidez deportiva que fue el torneo mundial de futbol, las fuerzas conjuntas argentinas iniciaban uno de los tantos operativos que realizan diariamente sin descanso ni asco. Fue, como casi siempre, el fruto podrido de una confesión arrancada con los clásicos métodos de la tortura los que orientaron a la represión hacia el astillero donde trabajaban desde hacía dos años Pablo Daniel Tello y Rafael Arnaldo Tello. Detenidos y trasladados a alguna repartición militar, de las innumerables y anónimas en las que se aplican los más sádicos procedimientos de tormento, los nombrados fueron, a su vez, eslabones de otra serie de «razzias» que finalizaron con la detención de Oscar Elichabe Urriol, Raul Olivera, Fernando Díaz, Hernán Ramírez, Oscar Cantero, Elsa Martínez y otros ciudadanos que integraron en su momento una veintena, de quienes no se tienen datos precisos.

De todos ellos se ignora el paradero, lugar de detención, delito del que se les acusa e, incluso, si siguen con vida, porque el organigrama de horror de la dictadura militar argentina incluye la angustia que implica el «no saber nada» con respecto a los detenidos, como arma psicológica que corroe la tranquilidad familiar y amplía la mancha de terror que cubre a la argentina.

Por supuesto, los recursos de «habeas corpus» interpuestos fueron devueltos por la justicia simplemente porque la justicia no funciona y es un mero resorte del mecanismo militar. En los diferentes avasallamientos de las fuerzas represivas se cometieron toda clase de abusos físicos además de latrocinios, despojos, roturas, desmanes, hechos estos que son la tónica permanente del atropello que con el argumento de la lucha antisubversiva, cotidianamente realizan los servicios de inteligencia de las tres armas y sus «subsedes», tales como Gendarmería, Prefectura Naval, Policía Militar, además de coordinación federal a la que se denomina hoy superintendencia.

Todas estas reparticiones practican -como los ejércitos de ocupación- la técnica del «botín de guerra», que también forma parte del impacto psicológico y en cada procedimiento el robo (liso y llano) corona el vandalismo. En este caso que relatamos, en cada casa visitada en busca de armas y explosivos (esa es la excusa) la soldadesca arrasó con cuanto objeto de valor había en los domicilios allanados, así como con cualquier dinero que encontraron por ínfima que fuera la suma. Un definido ejemplo de la rapiña militar se dio en la casa de un obrero plomero a quien fueron a detener y, al no encontrarlo, luego de amenazas a los familiares, se llevaron todas las herramientas del padre del buscado, dejándolo sin los elementos esenciales para ganarse el pan.

Lo propio ocurrió en los domicilios de los hermanos Tello, que perdieron cuanto de valor poseían. Todos estos detenidos tienen militancia anarquista, son en su mayoría obreros, no están relacionados con el ERP ni con Montoneros, ni se les han encontrado armas, municiones o explosivos, que son la requisitoria infalible de la represión, que ante el reiterado triunfo decisivo sobre la subversión del que hacen gala, inventan complots, descubren imaginarias organizaciones terroristas o hallan hipotéticos arsenales, todo ello para mantener el régimen represor fascista que ahora a la Argentina, en cuyo ámbito la opinión está vedada, el disenso se condena con la muerte, la prensa es una cortesana bien paga y los medios de comunicación masivos están a las órdenes de la milicracia que ensaya ahora una apertura al populismo, luego de esa «borrachera» producida por el mundial ‘78, conducido por expertos en psicología de masas que actúan para las Fuerzas Armadas y sus servicios de inteligencia. Una de las manifestaciones más evidentes de esa política populista en ensayo fue la última reunión de la organización internacional del trabajo (OIT) en Ginebra, a la cual concurrió un representación tripartita (Estado, empresa, gremial) en cuya constitución, extensamente publicitada, se arribó a un acuerdo palaciego entre los militares de turno y los segundones de la burocracia sindical (cáncer del que sigue padeciendo el movimiento obrero argentino) aunque estos elementos se oculten tras denominaciones más o menos geométricas tales como verticalistas, oblicuos, de pie, sentados, horizontalistas, y hasta independientes (?), cuando en realidad están todos arrodillados convalidando la dictadura con su proclividad al negociado y al acomodo como en los mejores tiempos del peronismo.

Pero volviendo a nuestros presos, digamos que esa nueva modalidad de inventar subversivos se corresponde con la planificación de las FF.AA para tratar de contener el malestar popular y evitar que se encauce la creciente protesta. La acentuación de la crisis económica, la permanente espiral inflacionaria con su secuela de recesión, la irreprimible emisión de dinero que desvaloriza día a día el poder adquisitivo de nuestra moneda, la falta de información o la deformación de la noticia a través de las agencias oficiales, el primer tramo de la derogación de la ley de alquileres ocurrido el 30 de junio actual y su estela de más de 44.000 desalojos que se están gestando en los tribunales, situación de semiparo de algunas industrias claves (textil, automotores, metalurgia, etc.) crean una tensa situación en el pueblo que durante un mes fue sometido a la anestesia por el desarrollo del mundial ‘78, llegándose al paroxismo chauvinista de confundir al país con una pelota.

La junta militar pretende ahora utilizar ese evento como trampolín para lanzar alguna «proeza» bélica que tal vez pudiera ser la ocupación «manu silitari» de los tres islotes australes cuta soberanía se está discutiendo con chile. Los psicólogos de la dictadura consideran que la galvanización del mundial ‘78 puede continuar si se le «patea» ese tripe penal a Pinochet y descuentan que el pueblo saldrá a festejar esa «victoria» como lo hizo el 25 de junio. Esa es la suposición de los milicos y no descartamos que si se lanza esa «blietzkrieg» de bolsillo, muchos imbéciles saldrán a «jurar con gloria morir» por las calles de Buenos Aires, siempre a juzgar como olvidaron durante un mes los muertos, presos y desaparecidos víctimas de la dictadura que suman miles, para aturdirse también con miles de decibeles tal como si necesitaran una catarsis de ruido para descargar las tensiones que crea el miedo o las presiones psíquicas que implanta la impotencia. Eso lo dejamos para los analistas y los psicólogos. Nuestra hipótesis no es solo nuestra porque la maniobra se ve venir y los «mass media» se lanzan con todo sobre el hombre común para convencerlo de que estamos en la rampa de lanzamiento que nos llevara a la grandeza nacional. Tal vez ustedes lo sabrán mejor que nosotros, puesto que la prensa extranjera traduce con fidelidad lo que ocurre en este país.

El escozor que esa información produce a la junta militar se refleja en histéricas solicitudes de entidades fantasmas o en la posición asumida por alguna cámara empresarial invitando a directores del periodismo internacional para que «vean la verdadera imagen de argentina» que, por supuesto, en caso de aceptarse la invitación, no pasara de alguna reunión oficial de prensa, una que otra visita a alguna unidad penitenciaria bien preparada, tal vez una entrevista con el mandamás Videla y el infaltable almuerzo con gente influyente de la órbita dictatorial, de todo lo cual no saldrá a luz el número de muertos por la dictadura que son miles, ni la cantidad de desaparecidos que es terrible, ni la identidad de los presos de los que solo se sabe que fueron secuestrados «por elementos de civil, que exhibían armas», una muy confusa explicación que se adhiere a la noticia que de vez en cuando se inserta en la prensa. En la mayoría de los casos el complot del silencia juega un papel cómplice con los procedimientos criminales de las tres armas y sus subsedes, las que actúan –al parecer– por cuerda separada, pero siempre en medio de la mayor impunidad y el más estricto de los secretos.

Se sabe que hay campos de concentración, pero no donde; se estima que hay cárceles disimulada, pero no se sabe su ubicación; la Escuela de Mecánica de la Armada, Campo de Mayo, la Escuela Penitenciaria, el Escuadrón Güemes de la Gendarmería, son lugares de inquisición, pero no hay testimonio fundamentado; existen granjas de trabajos forzados, pero se ignoran dónde están instaladas. Poco es lo que se filtra, por no decir nada. Ello prueba la eficiencia del método aprendido a través de las experiencias sangrientas de las OAS en Argelia, del exterminio vietnamita por los EE.UU. y sus servicios especiales, las depuradas técnicas de la KGB soviética o los demoniacos módulos de exterminio del nazismo. Los imperialismos aplicaron y aplican toda una gama de factores intimidantes, que van desde la detención hasta la muerte, y recorren el trágico camino que transita de la impotencia a la angustia. Para ello toda arma es idónea y podemos decir que toda persona que es detenida por quienes usan esas técnicas, desde el mismo instante de su detención es un misterio. Se ignora quien lo arresta, donde está alojado, de que se lo acusa. Pero lo que agrava las cosas hasta la desesperación, es que no hay donde recurrir, pues la policía «desconoce» todo, la justicia es ciega, sorda y muda, los abogados están paralizados por el terror y lentamente el país se convierte en una casa sin puertas ni ventanas, pues la propaganda agobiante y permanente ha hecho de la gente, en general, animales huidizos y temerosos, que se encierran cada cual en su temor, olvidando las más de las veces el contenido humano de la solidaridad.

Por eso enviamos este informe al extranjero, para que los compañeros tomen en sus manos el reclamo por estas víctimas del fascismo argentino, todos dignos trabajadores, todos valientes militantes de la libertad, todos anarquistas.

Grupos Anarquistas de la Argentina.
1978.