Lxs anarquistas en Inglaterra frente a la guerra de Malvinas (1982-1983)

El 2 de abril de 1982 el Estado Argentino comandado por la Tercera Junta Militar de Omar Graffigna, Jorge Anaya y Leopoldo Galtieri, comenzaba el avance militar y la ocupación de las islas Malvinas, iniciando una guerra que duraría hasta el 14 de junio del mismo año. En medio de la euforia nacionalista en Plaza de Mayo que cubría los gritos de los desaparecidos, el genocida Galtieri afirmaba “Si quieren venir que vengan, les presentaremos batalla”, e impulsaba una campaña en la que morirían cerca de 600 jóvenes obligados a combatir por el honor de la patria y la prevalencia del gobierno militar, y donde muchos otros terminarían con sus vidas en la vuelta a casa atravesados por el horror y el posterior proceso de “desmalvinización” .

En medio del gobierno de Margaret Thatcher, y con la plena colaboración del Partido Laborista, Inglaterra no temía en participar del enfrentamiento por la “soberanía de sus islas”, justificando su intervención tras las políticas fascistas del gobierno argentino, mismo gobierno al que solo unos meses antes habían ayudado en el exterminio de “extremistas comunistas”, con provisiones de armamento e inteligencia policial-militar.
Si bien la euforia nacionalista en Inglaterra no alcanzaba los niveles argentinos, el gobierno de Thatcher contaba con la aprobación de una parte importante de la población, exceptuando distintos sectores antimilitaristas, de extrema izquierda, y sobre todo anarquistas.

A grandes rasgos podemos ver como las principales publicaciones anárquicas de la época, “Freedom” fundada en 1886 por Piotr Kropotkin, “Black Flag” de tendencia informal y ligada a la ABC (anarchist black cross) formada en 1970, y la conocida banda anarcopunk “Crass”, expresaban todo su repudio a la guerra y la sociedad que la sustenta.
Por eso decidimos traducir y compartir algunas notas publicadas durante 1982 y 1983, no solo como una reafirmación anárquica, sino como una reivindicación de la dignidad rebelde, antimilitarista y antiestatal, porque sabemos que aunque muchas veces la euforia nacionalista busque disolvernos entre el ensordecedor pedido de castigo, de represión y “defensa de la patria”, las voces antagónicas y la memoria revolucionaria seguirán reafirmando nuestra historia y enfrentándose a los populismos prearmados del Estado y el Capital.

Ni guerra entre pueblos. Ni paz entre clases.
Muerte al Estado Argentino y a todos los Estados.